LA HABANA

La Habana es una ciudad sin otoño ni primavera. Tiene calles y algunos puentes. Sus pobladores se llaman habaneros, y son azules, verdes y amarillos, hablan muy alto y gesticulan con sus manos como si así se respirara mejor. No todos los habaneros gesticulan igual. No todas las calles de La Habana son iguales, algunas tienen agujeros, otras son rectas, y cruzan puentes, dividen o se esconden en la ciudad. Sobre ellas circulan camiones rusos, taxis alemanes, viejos carros americanos, bicicletas chinas, peatones cubanos. En dependencia de la calle, de los agujeros y los puentes, estos vehículos pertenecen a todos o a un habanero. En La Habana, además, hay carteles, muchos carteles, con imágenes parecidas y otras menos parecidas, los carteles sí tienen otoño y se gastan. Los edificios cuando son muy viejos se gastan igual y se transforman en parques. Hay muchos edificios iguales al este y muchas casas parecidas al oeste. Al oeste se pone el sol, y los habaneros entonces se sientan en el malecón, donde hay mucha oscuridad y un faro. El faro aparece en todas las postales, se prende en la noche y dura hasta el amanecer, también en otoño y primavera, aunque en La Habana no hay otoño ni primavera. En La Habana lo que hay son muchas colas, en todas partes. Las colas son como calles rectas hechas de gente de muchos colores, y se usan para cruzar los puentes, para leer carteles, para sentarse a la mesa, para discutir. Los habaneros discuten mucho, de cualquier cosa, en voz alta sólo de pelota, los que no discuten miran al mar. Además del mar, colas y pelota, en La Habana hay música, y habaneros que bailan entre ellos y con extrahabaneros. Los extrahabaneros no bailan bien pero compran discos de música y postales del faro, y adornan el verano de La Habana. En el verano de La Habana se suda mucho, cuando se hacen colas o se baila, cuando se discute o se ríe. Los habaneros ríen, se ríen de todo, la risa es muy importante en el verano de La Habana. En el invierno los habaneros prefieren hacer el amor. En La Habana se hace mucho el amor, en los edificios, en las casas, las calles, los puentes, los parques, sobre los carteles. Y por eso nacen habaneritos, azules, verdes y amarillos. Un día también ellos hablarán muy alto, y gesticularán con sus manos como si así se respirara mejor, y se reirán, discutirán, harán colas y el amor, cruzarán calles y puentes, verán la oscuridad y el mar, y tendrán otros o los mismos sueños. Y vivirán en La Habana, una ciudad sin otoño ni primavera.

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